Blog, PADRINOS
La formación de Anjana
Hola a todos, os saludo desde España.
Estando aquí me vienen recuerdos muy bonitos de mi última estancia en la India. Alguno muy especial que me he traído a Valencia es la visita que hice a mi hija Anjana estando allí.
La adopté cuando tenía 5 años, acababa de morir su madre biológica y su padre no quería encargarse de ella ¡él se lo pierde! Ahora mi bonita Anjana ya ha cumplido los 18. Desde niña ponía mucha atención en el Yoga, así que cuando terminó el bachillerato, le apunté a una escuela de Yoga en Rishikesk, la cuna del Yoga. Ahora está muy contenta, aprendiendo mucho. Pero también es cierto que su formación es muy dura. A las 6 de la mañana está en la esterilla empezando a practicar. A mediodía hacen 2 horas de descanso, pero durante este tiempo tampoco puede descansar porque tiene que estudiar para los exámenes, que son bastante difíciles. Acaban los ejercicios de yoga a las 8 de la tarde. Menos mal que mi niña es inteligente y ambiciosa, sé que va a conseguir su meta, no tengo duda. Me tocó hablar con su profesor porque en su hostal de yoga le dan muy poco de comer. El profesor me respondió cuando le conté mi preocupación —haciendo yoga no se puede comer mucho— a lo que le contesté—pero Anjana aún está creciendo y haciendo mucho ejercicio, es normal que tenga hambre— y el profesor me dijo —¡ay! el amor de madre es ciego y no entiende la importancia de ciertas cosas—. A la hora de cenar saqué a Anjana del hostal para que pudiera comer lo que quisiera: pasta, sopa, sandwich, pizza, patatas fritas, vamos, lo que le apeteciera. El pequeño fallo fue, que cuando su profesor le preguntó qué había cenado, como yo les he enseñado a decir siempre la verdad Anjana se la contó ¡Madre mía la bronca que me echó el profe!, me tuve que disculpar y decirle que no volvería a pasar. Al día siguiente volví a llevar a cenar a Anjana y le dije —come todo lo que quieras ¡pero! cuando tu profesor te pregunte le dices que cenaste una sopa de verduras—. Le tuve que explicar que alguna vez puede permitirse una pequeña mentira piadosa.
Y con esta anécdota me despido, espero que estéis todos muy bien.
Namasté.
Christiane
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